domingo, mayo 17, 2009
un dia cualquiera
Desde el principio todo fue un sueño que se deslumbraba a lo lejos, un sueño que llegaba a pensar imposible. Ahora que estábamos viviéndolo, tu mirada me desgarraba por completo.
-¿Por qué esta triste? Dime- fue lo único que supe decirte, pero tú solo me veías como si tu mirada me atravesara, como si pudieras ver mas halla de mí, como si presintieras algo fatal.
-¿Qué es lo que vez en mi en estos momentos?- me respondiste, al fin.
Tan frío como el clima que vivíamos.
-veo en tu ojos una pena y dolor, como si algo estuviera atormentándote- te respondía mientras tú llanto me interrumpía, no te pude decir más – No llores, me harás llorar-
-Esto no es fácil para mí; ¡entiéndeme por favor! Sé que en la vida hay que luchar y siendo pobres con una cruz, pero no puedo más.- me decías mientras las lagrimas que nacían de tu ojos, vivían por tus mejillas hasta morir en tu labios. – Tu amor vale más, por eso te pido que no sufras más por mí y te vallas. Vete lejos y no vuelvas.-
-Si es por el hijo que estas así, seca esas lágrimas, ya llegara. No somos tú ni yo nadie para decidir cuando llegara-
-¿Qué si jamás puedo tener un hijo?-
-Ya le tocara a otra afortunada parirlo. Si no se puede y tanto quieres un hijo, se podrá adoptar uno- No te puede decir más, había empezado a llorar también.
Esto nos dolía mucho a los dos, pero me dolía mucho más a mí, como explicarte que la razón por la que lloras no tiene nada que ver contigo; si no que yo soy la razón por la que tu no puedas tener ese hijo que deseas.
lunes, mayo 11, 2009
"No se como llegó, pero tu nombre estaba ahí"

"No se como llegó, pero tu nombre estaba ahí" escrito en la escencia de este dia. Lo podia ver en el aire, como en la hojas. El otoño había empezado días antes, se podía sentir la brisa fría y las hojas empezaban a caer de los árboles describiendo tu forma; las nubes grises cubrían hasta donde mis ojos alcanzaban a ver. Estoy parado en la orilla de un puente, observado la belleza de la ciudad, algo grande para mi gusto, hay muchas personas, tráfico y contaminación.
domingo, febrero 01, 2009
zurcido al techo
"La luna estaba zurcida al techo" desde hace diecisiete semanas, tiempo suficiente para saber con exactitud el sexo de un bebe con ayuda de un ultrasonido.
Clara se había prometido asimismo dejar el sexo del bebe como una sorpresa pero pronto se contradijo al detenerse en un hospital de Utah poco después de haber visto una oferta en ropa de bebe. El embarazo la había cambiado de tal forma que Elías se habría vuelto a enamorar de ella, por que Clara se comportaba de una manera tan infantil y sensible como algún día lo haría el bebe que esperaba.
Curiosamente entre las cuatro paredes de su celda a Elías Preston le sucedía algo parecido por el síndrome de abstinencia que le causaba la falta de alcohol y nicotina. Aun que en la prisión se corría el dinero entre los prisioneros adictos al cigarro y otras drogas; Elías solo trabajaba para una cosa, evitar que lo mataran.
El señor Preston era conocido por haber enviado injustamente a la cárcel a cuatro personas, cinco si se contaba a su propio hijo, así que algunos se vengaban; para Elías eran como los abusivos de la escuela solo que mas grandes y por lo tanto mas fuertes.
En un corto tiempo le habían roto tres dedos, fracturado dos costillas y roto la nariz un par de veces, nada que lo matara o lo dañara permanentemente pero sin duda le hacia mas difícil ganar dinero, por que no se puede hacer una figura de madera o una pintura con los dedos inmovilizados, aun que intentara hacerlo de otra forma a nadie parecía gustarle su trabajo “Tan falto de sentimiento” como decía su maestro del taller de pintura.
Elías sentía que se iba a volver loco, nada ni nadie estaba de su lado, incluso los mismos guardias le daban un trato diferente por ser el idiota de la broma telefónica, y es que Elías tuvo la brillante idea de usar su única llamada para pedir una docena de pizzas a cuenta del escuadrón de policía… a nadie le pareció gracioso.
Pero un día pareció volverse realmente loco. Días después de que recibiera su primera visita.
“Hey Preston tienes visita” repitió el guardia y abrió la puerta. Elías estaba viendo el estado de su ojo ahora morado a causa de una pelota perdida que tenia su nombre escrito por pura casualidad, el vago reflejo que mostraba su cuchara no le gustaba en lo mas mínimo.
“¿Quién es?”
“Una mujer”
Elías se sorprendió tanto que hasta abrió un poco más su ojo mal herido, y eso hizo que el guardia se riera de el.
A Clara comenzaba a levantársele la camisa, como no quería comprar ropa para ella improviso con un plumón y escribió el sexo del bebe alrededor de su ombligo saltón. Así logro llamar la atención de la gente, y aprovecho para escribir algo mas “Un dólar por sentir me patear” aun que solo se trataba de una broma, al mas puro estilo de Elías, algunas personas se acercaron a darle dinero.
Entre esas personas estaba un niño que miraba con desconfianza la panza de Clara, “¿Te pagan por estar gorda?” dijo groseramente, Clara lo vio y sintió que retrocedió en el tiempo por que estaba viendo al Elías de diez años que tanto la molesto en su infancia.
“¡Elías!” grito y abrazo al niño; estaba muy conmocionada como para pensar que era imposible que se tratase del mismo Elías.
El niño se escapo de sus brazos y corrió, Clara fue detrás de él. El pequeño se oculto detrás de una señora “Mama una loca gorda me esta persiguiendo” dijo, la señora dejo su diario a un lado y miro a Clara que recuperaba el aliento. Ambas se impactaron. A pesar de que solo se habían visto un par de veces ambas se reconocieron.
“¿Usted es la madre de Elías?” dijo, el niño salió de su escondite para corregirla “Yo no me llamo Elías, loca” y le saco la lengua.
“Eric ve a jugar un rato con tu papa” Dijo la señora y el niño se retiro.
“Señorita Homers”
“Señora Preston”
“Ese ya no es mi apellido, bien lo sabes”
Hablaron, cada quien contando su historia y aquello llevo a la señora Brandow a hacerle una visita a su primer hijo.
Elías tenia la pequeña esperanza de que su visita se tratara de Clara, en verdad lo deseaba pero cuando vio a su madre sentada del otro lado del vidrio su esperanza salió volando por la ventana llevándose consigo un poco de su cordura.
Antes de que Elías se negara a hablar con ella, el guardia que los vigilaba le dio una fotografía que le mandaba su madre desde el otro lado.
Era Clara, dormida en un sofá, su panza estaba encerrada en un circulo, tenia una flecha y decía “AQUÍ HAY UNA HERMOSA NIÑA”
En la esquina de la foto había un niño y con letras pequeñas decía sobre su cabeza "Y este es tu medio hermano"
Entonces el resto de la cordura de Elias salió por la ventana.
sábado, enero 24, 2009
hace tiempo...
La pluma fue un intento de hacer que las palabras le cogieran escribiendo, pero ante la impotencia que sentía al no poder dibujar el contorno de una sola letra, no hizo más que cambiar el aspecto de su situación. Al menos, ahora tenía algo para escribir en la mano.
Una gota de tinta se deslizó por la punta, atreviéndose a mancillar el papel inmaculado con una perfecta mancha negra. Suspiró, molesto, y volvió a guardar la pluma.
No podía esperar un milagro, no en su estado. Aquella era la forma más fácil de hacerlo. También la más cobarde. Se enfadó consigo mismo y retiró todo el material de la mesa de un furioso golpe. El papel y la pluma habían pagado el pato, pero él seguía mirándole con su eterna y prístina blancura (la mancha había quedado oculta), recordándole su fracaso. Aquella nada eterna era como un dedo acusador que no hacía más que probar lo que no era capaz de hacer.
Se dio la vuelta bruscamente y se oyó un portazo tras de sí. Sabía donde tenía que ir. No le gustaba, pero sabía donde era, el lugar exacto. Al principio tan sólo se propuso ir hasta allí, después, ya decidiría qué hacer. La luz del atardecer destilaba sangre ambarina y lo sumía todo en una especie de sueño extraño, ralentizando sus pasos aún más. Con cada suave golpe de sus pies en el suelo, un diminuto torbellino de arena se levantaba del suelo. Caminaba solo.Cuando llegó al linde, quedó inmóvil, no artificialmente estático como podría ser el caso del horror o la sorpresa, simplemente se paró, como si no tuviera más que hacer que contemplar los árboles, a los que lanzaba una mirada desafiante. “No me dais miedo” se mentía.
Su razón criticaba aquel comportamiento con fría lógica. No son más que lo que son, no puedes tener miedo de algo así. El corazón, más humilde, conocedor de verdades anteriores, sabía que aquella decisión conllevaba un riesgo, un riesgo importante. ¿Era aquella la única solución? No, pero sí la más sincera. ¿Tanto iba a sacar de aquello? Lo cierto es que nadie tenía aquella respuesta, las posibilidades echaban a volar hacia el infinito dentro de aquel lugar. ¿Valía la pena aquel viaje?... ¿Lo valía? Creía creer que sí... Mejor dicho, por mucho que le doliera, sabía que sí. Por su amigo habría ido hasta el Fin del Mundo. Pero aquello no era el Fin del Mundo. Era un lugar diferente. Muy diferente.
Había entrado ya en el sendero principal. Aquel camino era claro, no tenía piedras, ni musgo, ni existía peligro alguno. Además, era corto y, de hecho, la salida del bosque se atisbaba al final. Al otro lado llegaría a otro lugar, podía creer que era diferente, completamente distinto, que al final había pasado la prueba, pero en el fondo sabía que aquello no sería más que una triste farsa y que no haría más que caminar sobre sus huellas, escondiendo bajo un falso triunfo una derrota mayor de la que le llevó hasta allí.
A ambos lados del sendero, tan sólo sacando un pie de él, la más densa vegetación, el más oscuro e impenetrable misterio se extendía por doquier. Miró de lleno a la más aterradora oscuridad, la del propio corazón, y tragó saliva. Puede que dentro no encontrara una pantera negra o un tigre bengalí, pero las bestias que elegían aquellas tinieblas como cobijo eran de otra clase y hacía falta otra clase de valor, uno superior al común, que brillara con algo más que con el reflejo de un baño de oro, para hacerles frente.Una lágrima se escapó, furtiva. Lo haría. Lo haría por su amigo y sabía exactamente qué era lo primero que debía hacer. Se retiró la máscara, resquebrajada alrededor de la mejilla por una lágrima cristalina, y la dejó cuidadosamente sobre el camino de arena. Si entraba con ella, sólo daría vueltas y más vueltas. Además, allí no la necesitaba.
Los primeros movimientos no fueron fáciles, pero pronto sus pasos se fueron internando dentro de la maleza, hasta que su figura se perdió entre los troncos más gruesos. Comenzaba a acostumbrarse a aquel lugar; a sus grandes hojas verdes, tras las que se escondían nuevas plantas, nuevos enigmas, al ambiente extraño y familiar a la vez, a los sonidos desconcertantes, a los súbitos ataques de terror, a los encuentros inesperados, agradables y desagradables, pero sobre todo al paso inconstante de su caminar, lento la gran parte del tiempo, fluido y rápido como el agua en contadas ocasiones. Era hora de comenzar. En ese instante oyó algo no muy lejos de él. Una rama quebrada, unas hojas moviéndose. Por un momento pensó haber sentido algo cerca de él. Pero quizá no fuera nada. A veces aquel bosque producía vanas ilusiones
Buscaba una luz que no encontraba, un bálsamo que calmara una herida abierta en otro corazón, que había conseguido arraigarse en el suyo con extrema facilidad. Nunca intentó levantar murallas, nunca se le ocurrió poner un cerrojo y eso le había causado mucho dolor en el pasado. La razón de su viaje era aquella herida, abierta sin malacia, abierta sin tacto.
Aquella idea le agobiaba, le perseguía. Había fallado, había traicionado uno de sus más brillantes valores. Miró sus manos y pensó que ya no podía más. Aquello a lo que fue fiel toda su vida, el arte salido de su corazón, el milagro obrado tantas veces dejó de funcionar un solo instante y todo se derrumbó. ¿Cómo podía haber pecado en su virtud, fallado en lo que más orgulloso se sentía? ¿Tan patético era? ¿Tanto se engañaba a sí mismo?Bajo las ramas de un árbol, se acurrucaba y pretendía no llorar escondiendo la mirada. Había dejado de avanzar, tan sólo permanecía allí, angustiado, inmóvil. No era aquél el momento para ello, había algo que debía conseguir sin dilación y su egoísmo no sería el que le detuviera, así que, haciendo acopio de fuerzas, se secó el rostro, se levantó y siguió caminando.
De nuevo un chasquido le puso en alerta. Giró rápidamente sobre sus talones y... ahora sí, estaba seguro, había visto una sombra desaparecer delante de sus ojos. Comenzó a albergar interrogantes sobre si aquel bosque que pensaba conocía no incorporaba peligros que él aún no conocía, seres que, por primera vez, impidiesen que volviera a salir de allí con vida. En ese momento, de la nada saltó una bestia negra, fiera, terrible. Le amenazaba con terribles rugidos, impidiéndole el paso más allá de ese punto, lo que quería decir que sus pasos iban bien encaminados. Él levantó la mirada y la miró directamente a los ojos. Clavó sus iris en aquella pupila negra, profunda, con la que mantenía un duelo desigual. El animal seguía impertérrito. “No tienes poder sobre mí. Ya nos conocemos”. La bestia emitió un bramido espantosos, que hubiese helado la sangre a cualquiera. Pero ellos, a su pesar, eran viejos conocidos y se habían visto las caras hace mucho tiempo, quizá demasiado. Como dos viejos tigres que conocen los trucos del otro, se presentaron sus respetos y cada uno siguió su camino, no sin que la fiera le recordara una última vez que seguiría allí y que su muerte sólo iría ligada a la suya. Él giró levemente la cabeza y prosiguió su caminar. Aquella no era su sombra.
Había cometido una falta, sí, un acto terrible del que no podía más que apartar la vista, pues, aunque sus manos no fueran consciente del daño, habían sido ellas, había habido daño. Era hora de afrontar la verdad, de pedir perdón... Sintió una terrible punzada en el corazón. Pero... ¿existía el perdón?
¿Podía perdonarse algo a cambio de meras palabras? ¿Eran capaces simples sonidos de sanar una herida en un instante? No era un necio, sabía que aquello no dejaban de ser sueños de niñez. Entonces, ¿de qué sirve el perdón? ¿Para qué buscar una farsa, una mentira que cubra un hecho que jamás podrá ser borrado? Aunque pudiese borrarlo de sus memorias, aunque fuera capaz de volver atrás en el tiempo y evitar que aquello ocurriese de una manera o de otra, el hecho, la falta seguirían allí, pues una vez existieron. El perdón, por lo tanto, también engañaba con vanas ilusiones al perdonado. ¿Podía entonces creer en él? ¿Hasta qué punto era su esperanza capaz de tener fe en una quimera?
Su pie derecho tropezó con una piedra y él perdió el equilibrio momentáneamente. Cuando consiguió reponerse, se dio cuenta por primera vez de que había llegado a un claro, una pequeña zona despejada que, como si de un secreto jardín silvestre se tratara, destilaba algo de paz y tranquilidad en aquel lugar inexpugnable.
Sintió la necesidad de correr al centro, de disfrutar del cielo abierto y tumbarse sobre la fresca hierba verde. Contemplaba las nubes con una débil sonrisa y comenzó a darse cuenta de que...Un nuevo movimiento. Esta vez había sido muy cerca de él, se amparaba en los árboles que lindaban el claro.- ¡Quién es?- gritó, con el terror recorriéndole el cuerpo como el frío hielo.
Volvió a sentir un movimiento en uno de sus flancos, mucho más cercano que al anterior. Aquel era el momento de plantar cara a lo que quiera que fuera aquello. Sintió el susurro de un aliento y una voz calmada habló tras de él.
- Cuentan que en un bosque una vez dos caminantes perdieron todo rastro de sus senderos, sumidos en las tinieblas.
Una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
-Cuentan que un día, perdida toda esperanza de volver a ver la luz, estas dos almas errantes se encontraron en un claro- continuó él.
- Y el primero preguntó...
- “¿Quién eres?”-“Aquel que sumido en las tinieblas, por los actos cometidos, busca el perdón.”-Y el segundo preguntó...
-“¿Quién eres?”
-“Aquel que sumido en las tinieblas, por los actos cometidos, busca poder perdonar.”
Se dio la vuelta y encontró la sonrisa amiga. ¿Podía el perdón curar aquella herida? Buscó en sus ojos y, como él le dijera una vez, allí halló la respuesta. Ambos amigos se abrazaron con fuerza, prometiéndose mutuamente no volver a separarse nunca más y decidiendo buscar juntos la salida a aquel laberinto.
Mientras se alejaban, los primeros rayos de la luz exterior comenzaban a filtrarse por entre las ramas. Puede que el perdón no curara las heridas, pero era el primer paso para que el tiempo y la confianza lograran hacerlo.
miércoles, enero 14, 2009
El escritor

En las noches, su madre le contaba cuentos para arrullarlo mientras esté se dormía, pero él no sentía que eso fuese dormir, era el tiempo donde más cosas sorprendentes vivía. Un día iba a la espacio, otro día era una hormiga que tenía que cruzar un gran charco con una hoja, mientras que otro día era un ave que surcaba los aires conociendo diferentes lugares y así le sucedía todos los días.
Fue creciendo y en verdad a él nunca noto una diferencia en sus gustos. Podía alcanzar las cosas de la mesa, hablaba con otras personas, hasta podía cuidarse por sí mismo en una ciudad que no conocía y donde no conocía a nadie, pero nunca pudo independizarse de su gusto por escribir. Gusto que saboreaba en cada rato libre que tenia, mientras no estuviese algo que leer o algo en que pensar seriamente antes de escribir su pensar.
Sus padres lo apoyaban, ellos ponían todo de su parte para que su hijo fuera feliz, sin dejarle de inculcar cada cosa que podían. Gracias a ellos, él conoció el arte, la literatura, los libros y los sueños. Cosa que hizo que continuara llevando la contraria, pues el sabia que vivía en una sociedad en la que menos gente leía, gente que prefería ver televisión o jugar algún videojuego, pues la mayoría aborrecían los libros, la escuela, el arte y la cultura. Una sociedad donde el habito de lectura y estudio se han ido perdiendo.
Sabiendo que poca gente aun leía, él le gustaba dar parte de si para que leyéramos sus desveladas, sus horas frente al teclado, sus tazas de café, algunos cigarros y dejando un pedazo de su alma en cada palabra. Fue así como él se convirtió en alguien que dedica su vida a las letras, que lee y escribe, que escribe y lee, así es su vida.
Con su imaginación va hilando palabras sobre una hoja, consumiendo renglón tras renglón, hasta crear páginas llenas de misterio, aventura, romance, magia y terror, nos cautiva a todos con su vida, sus sueños e incluso con sus pesadillas.
Solo necesita papel y pluma o un teclado en estos tiempos modernos , en ocasiones un café para esas noches en las que esta inspirado, donde el tiempo se detiene y la tinta corre.
...
Los escritores, nacen, escriben y mueren para que los lean.
sábado, enero 10, 2009
Una a Una se fueron Marchitando
Afuera nos inundaba un frio infernal, como esos que no sentimos desde aquel año cuando mama hacia chocolate caliente para los tres y todo era feliz. Te acosté en la cama y me adherí a tu pecho. Tenía frio y no estabas a mi lado, no me calentaba tu cuerpo ni me acariciaban tus brazos. Las horas pasaron y vi en ti una sonrisa carente de sentido y calidez. Esa distancia que nos separa hacia más fuerte mi necesidad por tu alma.
Entonces me levante y camine hacia al baño, abrí el grifo y deje que la tina se llenara para poder recostarme. Hace tanto tiempo que no lloraba tanto, quizá desde que ese día que dejaste de hablarme. Mama se había se había ido, y tu dejaste de hablar. No sé si te fuiste tú o me aleje yo. Después de eso no volvimos a vernos.
domingo, febrero 10, 2008
Un soldado y una bruja....

“Todo sucedió en un minuto,” y lo pude comprender mientras moría. Y toda la historia regreso a mi cabeza…
Una legión, moviéndose, siempre moviéndose, nunca para nada bueno. Dicen que soy el mejor soldado del mundo, ¿y eso de qué me sirve? La guerra, incluso la magia misma, acaban con el mundo, consumen su alma. No tendría nada por qué luchar si no fuera por ella, y eso me hace recordar que todo ha valido la pena, toda la guerra, todas las muertes, y toda la magia que se uso para pelear en ella.
Dicen que es una bruja que cambió su corazón por poderes que el mismo diablo perdió, pero quien lo diga no ha visto sus ojos como lo hago yo, no ha visto en ellos su dolor, una bruja sin corazón no podría tener en sus ojos esa nostalgia desconsolada que brota por sus pestañas, los he visto hoy, antes de que llegara la madrugada, grandes y tristes mirando al valle, bañado en un rocío azul y resplandeciente antes de que salga el sol, y conteniendo su dolor.
Antes de la pelea es lo peor, siempre pienso que moriré hoy… Dicen que soy el mejor soldado que el mundo ha visto ¿y eso de que me sirve? Un ejército se encuentra del otro lado también mirando hacia aquí, pensando en lo mismo; y en odio; y en creer tener mejores razones para luchar de las que tengo yo, pero seguramente allí habrá también alguien como yo, preguntándose la razón de por qué tendremos que morir hoy. Hace tanto tiempo que esto empezó que ya no se recuerda la razón, sin embargo la veo a ella ahí, con sus grandes ojos grises mirándome por casualidad a mí, y siento que valió la pena estar aquí.
Se acerca el alba, y pienso que voy a morir, seguramente hoy moriré, siempre pienso en lo mismo y siempre he logrado sobrevivir. Dicen que soy el mejor soldado, dicen muchas cosas sobre mí, y hay 2 mil soldados detrás de mí que las creen, y posiblemente un poco más enfrente mirando hacia aquí creyendo que pelearan contra mí, y una bruja sin corazón.
Se acerca la hora, y se escucha el estruendo, parece un trueno pero son los soldados corriendo, son las armas, son mis propios pasos, mis esperanzas para un mundo mejor y perfecto, soy yo escapando de mí para entregarme al coraje y la pasión; cortar, matar, y ver la sangre sin sentir pena o dolor, ver a los ojos de quien estoy matando sin perderme en su furia, o lastima, y seguir matando. Me hieren… y siento que ese pudo ver sido un buen momento para haber muerto… pero es una herida leve; puedo seguir matando sin ninguna razón. Dicen que soy el mejor soldado que el mundo ha visto, pero soy yo el que ya no tiene un corazón, en cambio ella, ella es la luz del sol, ella puede ser tempestad y tormenta pero también volcán y tierra, ella es amor y dolor, y todavía siente pena… la veo mientras peleo, y pierdo mis ganas de combatir cuando ella me podría estar viendo, bajo mi arma y lo pienso, y me da pena que me viera morir, quizás por protegerla a ella, así que levanto mi arma y me defiendo, porque todavía siento que vale la pena seguir viviendo…
Después de un rato me es tan difícil seguir así, primero porque veo que ella no me necesita para defenderse, y en segundo porque me hirieron de nuevo. El mundo parece moverse tan lento cuando crees que vas a morir, pero sigo aquí, apretando la tierra para no irme, no sé a dónde, sólo no ir… La busco y la encuentro en el mismo trance en el que yo entro cuando peleo, donde tus ojos ya no dicen nada de ti, y después de eso así se quedan para siempre ¿¡POR QUE SE MUEVEN TAN LENTO!? ¿POR QUÉ NO PUEDEN MATARME? No sé quien era pero ya esta muerto, perdió su oportunidad, y me dejó mirando esto, a ella, flotando, explotando e incendiando soldados… pero su gesto está perdido, sus ojos están vacíos, de propósito o sentimiento, ahora no encuentro en ellos eso, ahora son frívolos…
Me atacan y sólo sigo peleando, ataco, me duele la herida pero más me arde la ira, y mato, y quiero matar para que ya no lo tenga que hacer ella, ahora comprendo que tanto tiempo de estar conmigo le ha hecho daño, estar en esta guerra es lo que la ha afectado, porque ella y yo sólo una vez nos vimos ¡Y ESO ES LO QUE ME PROVOCA MÁS CORAGE!.
Fue hace mucho tiempo, en una ciudad con un mar azul y un puerto de madera, la ciudad parecía tan moderna, allí la conocí a ella, mis compañeros la molestaban, y ella no sabía lo bonita que era, nunca lo ha sabido, parecía con tanto miedo, y de ver sabido de lo que es capaz nunca nadie la hubiera querido haber visto. Tiempo después me encontró una anciana, dijo que era su madre, me pidió llevarla, me dijo que ella acabaría la guerra, y creo que era cierto. Estamos en las afueras del castillo del culpable de esta pelea, entre los hombres se le considera como una deidad, antiguo e inmortal con magia tanto como para destruir como para crear, de haber logrado entrar lo hubiera podido matar; todavía puedo entrar, peleo solo, todavía puedo pelear hasta que habrán esas puertas o él salga a pelearme, los guardias en las afueras parecen tan poca cosa, y aun así parece que van ganando, no importa quién gane hoy la batalla, si logro matarlo se acabará la guerra.
Y ahí pasa, ella se ha vuelto loca, incendia a todos los hombres sin encontrar diferencias, ataca a aliados y enemigos, no se da cuenta, me ataca a mí también y ahora desearía que siguiera haciéndolo para que no tuviera que lastimar a nadie más, yo soy inmune a la magia de cualquier tipo por nacimiento, nací en una fecha muy especial bajo unas extravagantes estrellas, en lo que dicen es el centro del mundo aunque no lo parezca, siempre me han dicho que nací con un propósito muy profundo para el destino, pero matar es sólo ser una peste en el mundo.
Trato de llegar a ella, la trato de alcanzar, pero no puedo, quizás ya estoy cansado de todo esto, ¿por qué no puedo? ¿De qué me sirve ser el mejor soldado en el mundo si no puedo detenerla? Mi propia fuerza, mi propia magia si es que alguna vez he tenido alguna, se limita a pelear, si pudiera correr como flota ella con las puntas de los pies sobre la tierra ¿qué le diría? ¿Cómo la haría entrar en razón? ¿Cómo la despertaría? Le daría un beso y le diría que la amo, y nos iríamos de aquí, estoy cansado de tratar de marcar la historia de este mundo, estoy cansado de que seamos nosotros dos los representantes de una época que jamás debió haber ocurrido; harto de lo que dice la gente de mí, y de ella, estoy harto.
Suelto mi arma decidiendo dejar de tratar de marcar un destino, ser cobarde y escapar, pero escapar con ella que es lo que siempre he querido… y lo que yo quiero ya no lo podré ver visto, algo ha caído sobre mí, en mi pecho, es una espada, cayó del cielo, no la vi venir, me dejó enterrado en el suelo y no me ha matado, la lanzó un experto, se supone que debería dejarme sufriendo mucho por mucho tiempo, una muerte lenta y dolorosa, pero no creo que esto sea sufrimiento… no después de todo lo que he visto y hecho, ni después de todo lo que tampoco nunca hice, no, esto no es sufrimiento, tampoco el saber que moriré, no después de imaginarme todos los días la más insignificante de las muertes, un campo de batalla por alguien que también está muerto y no lo sabe, aunque eso es exactamente lo que ha pasado. Ahora sé que ninguna muerte pudo ser insignificante, inclusive me dio gusto, que por lo menos por un instante, me decidí hacer algo por mí mismo.
Y ahora la veo mirándome, parece recuperada porque casi la veo compadecerse. Me parece extraño porque nunca la vi mirando a un soldado, y menos a un soldado muerto, ¿qué estará pensando?, le veo tranquilamente antes de morir sabiendo que es la última oportunidad que tendremos para mirarnos, hasta que algo me hiela la sangre y me hace desear pararme para seguir peleando, está detrás de ella.
Allí está ése hechicero, se acerca a ella, por un campo lleno de muertos que pelearon alguna vez por alguna causa de la que ahora ya no parece quedar nada que valga la pena, sólo ella, y sólo él por detrás acercándose para matarla y ganarla. Y aun sabiendo que al quitar esta arma del pecho moriré en un instante, trato de desenterrarla y pelear, levantarme aunque no puedo, aunque ni siquiera debería poder moverme, pero si alguna vez ha habido alguna magia en mí desearía que pudiera ser la de poder pelear una última vez con una espada enterrada en el pecho, hasta que los veo, y lo comprendo, los dos me miran de manera compasiva, se abrazan de lado y se dan un beso rápido en la boca que me deja dudando que se quieran mucho, o tal vez es el tiempo el que parece ir tan rápido ahora, al menos sé que no va a matarla, así que me quedo en la tierra sufriendo todavía menos por esta espada.
¿Qué fue lo que pasó?, ¿Por qué?, ¿Por qué esto?, ¿Así acabó?, Yo muerto y ella hechizada y esclavizada, yo he visto a ese brujo destruir un ejército entero moviendo una mano, fui el único sobreviviente y de allí vino mi fama como soldado, y un grado que representa más una inspiración que una posición, “el mejor soldado del mundo”. No importa el grado de magia, por alguna voluntad divina soy inmune a ella, y eso nunca me sirvió… lo más que me dejó fue evitarme una muerte rápida, compasiva a la que tengo ahora en comparación, sin haberla conocido, sin saber que será de ella; sin nunca…. Sin haber hablado con ella; dicen también que puedo pelear como ningún soldado nunca lo ha logrado, he sido soldado toda mi vida y ahora me han ganado sólo arrojando una espada al aire… ya ni siquiera sé por qué estoy llorando, lloro quizá porque los veo mirarme… debería alegrarme que la guerra ya acabó, lo único que me preocupa es lo que hará del mundo el que ganó.
Ella, ella sabe, ella lo verá y no yo, pobre porque siempre sufre más el que se queda que el que se va… pero ella no está sufriendo, su compasión parece volverse alegría ¿por qué?… porque ganó.
¿Quien mira así? ¡Quien obtiene lo que siempre quiso! ¿Cómo se puede alegrar de ser esclava y prisionera? Ella fue la que ganó ¡NO ÉL!
Él la mira y no puede hacer nada más, no parece sufrir o gozar, sólo la puede mirar, ella me mira y parece extrañar algo pero también parece sonreír al ganar, la primera vez que la vi no me pareció que sería la única sobreviviente de una guerra ganada, no le hablaba a nadie y siempre parecía asustada; cuando su madre la envió a la guerra siempre llevaba la cara oculta, un día eso pareció dejar de importar, nadie parecía notarlo.
Ése mago no la envió, él también se enamoró, no puede voltear a otra parte, pareciera no poder respirar si no la tiene cerca, ¿qué es la magia de ella? Nos engañó a todos y sólo ella ha ganado esta guerra.
Pareciera entender lo que pienso, se acerca hacia mí, dejando al brujo con cara de desconsuelo, como cachorrito ordenado a esperar en ése lugar, se ve tan joven y perfecto, ventajas de los magos que pueden evitar los defectos humanos; ella por su parte aun cuando nunca se ha considerado bella siempre me ha pareció bonita, una belleza normal, nunca creí que terminar tan enamorado de ella, por sus gestos, por su manera de actuar, y por sus ojos al mirar. No hay nadie más en el mundo como ella, y ahora por primera vez se me aproxima y me besa rápidamente en la frente como si estuviera acostumbrada a hacerlo, no creí que hiciera otra cosa que venir a sacarme la espada y terminar, pero me dice:
-Tú siempre fuiste inmune a la magia, si te hubieras enamorado de mí esta guerra hubiera terminado hace mucho tiempo-
Y ahora lo comprendo, yo en este cuento siempre he sido el malo.